viernes, 15 de mayo de 2015

Trabajo individual de Iván Valerga


Secret Label, Shiori Matsumoto
Secret Label, Shiori Matsumoto


Owen y la niña sirena

En la ciudad de Manchester vivía Owen, un hombre de cuarenta y cinco años, capitán de navío.
Un día se levantó de mal humor porque le molestaba tener que limpiar el altillo. No le gustaba tirar las cosas viejas, ya que siempre le traían recuerdos.
Desayunó temprano para terminar lo antes posible con esa tarea. Corrió muebles y con rapidez barrió el piso de madera que se encontraba lleno de polvo. En ese momento bajó la mirada y vio que estaba en un rincón el baúl oxidado que tenía su nombre y decidió sentarse sobre el.
Recorrió todo el ambiente con la vista. Sus ojos se posaron sobre una caja de madera lustrosa. Con un movimiento rápido pasó la mano sobre ella mientras le soplaba el polvillo. La abrió con cuidado y empezó a sacar los objetos que tenía adentro. Los inspeccionó uno por uno. Así sacó caracoles, una estrella de mar, soldaditos de juguete, recortes de diarios, postales de viajes, entradas de partidos de fútbol, cartas y muchas cosas que para los demás eran basura pero que tenían mucho significado para él.
De ese modo llegó hasta el álbum de fotografías que estaba oculto en el fondo. Ansioso, se apresuró a abrirlo, encontró fotos de su paso por la guerra, por esto había sido condecorado con medallas y diplomas varias veces por su valentía y honor hacia la Patria.
De pronto se desprendió del álbum una foto. Era una imagen que le traía lindos recuerdos, esta mostraba a una niña sirena junto a cajas de objetos marinos con un caracol en cada oreja escuchando el ruido que hacen las olas, en su habitación.
Owen de niño había conseguido la máxima distinción como BoyScout y le fue fácil continuar su educación en la Academia Naval.
Fue seleccionado como tripulante de una gran nave que navegaba  por  los océanos más peligrosos.
Durante uno de sus viajes, los marineros tiraron las redes al mar y al tratar de levantarlas, una se resistía. Cuando se asomaron para averiguar que era lo que pasaba, notaron que una sirenita estaba atrapada. Ella les rogó que la liberaran, pero se negaron a pesar de su insistencia. Owen se apiadó de ella y accedió a cortar la red para que se escapara.
Esto hizo que tanto sus superiores como sus compañeros lo sancionaran. Sabía que había  hecho lo correcto, y no le importó que lo castigaran dejándolo solo en la cubierta.
Estaba anocheciendo cuando el barco hizo un cortocircuito y dejó de funcionar la luz y la radio. Todos se desesperaron porque nunca les había pasado esto y no sabían cómo salir de esa situación.
En medio del caos reapareció la sirena y le dijo a Owen -"Síganme". Confiaron en ella y los guió hasta un lugar seguro que los puso a salvo.
Era una isla, donde había muchos árboles y pocas casas con bastante distancia una de otra. Se sorprendieron al llegar porque desconocían la existencia de ese lugar del océano, ya que no figuraba en el mapa, pero eso no fue todo, allí vivían solo sirenas. Todos los tripulantes del barco le agradecieron su ayuda y pasaron la noche en la isla arreglando el barco.
La niña sirena invitó a Owen a su casa y le agradeció haberla salvado de las redes, lo invitó a comer y a tomar algo caliente. Le mostró su habitación que era amplia, sobre el piso de madera tenía una alfombra floreada, las paredes pintadas de verde claro, una cortina de color violeta con lucecitas blancas que colgaban de ella, la cama era una bañera antigua cubierta de agua y una cómoda con varios cajones.
Owen le preguntó su nombre, a lo que respondió Zoe. Ella se dirigió hacia la cómoda sacó unos cajones, los apoyó sobre la alfombra y dentro de ellos tenía caracoles, estrellas de mar y cartas. Arrodillada sobre la alfombra se puso a oír los caracoles y él le sacó una foto para tener como recuerdo.
Zoe le pidió que hable con la tripulación para que ninguno cuente sobre la existencia de la isla, a pesar de que solo allí se podía llegar con la ayuda de una sirena.
Al otro día, una vez arreglado el barco, Zoe los guió hacia el lugar donde habían tenido el desperfecto para que continuaran el viaje de regreso. Los tripulantes de la nave se comprometieron a no revelar el secreto.
Pasaron muchos años y ese recuerdo seguía intacto. Miró una vez más la fotografía, la colocó en su lugar y con una sonrisa cerró el álbum, lo acomodó en la caja y lentamente ordenó todo tal como lo había encontrado.

jueves, 14 de mayo de 2015

Trabajo individual de Agustina Clara Montañez

                              Los pájaros de Clara



Clara podía volar. No físicamente, sino que su imaginación la trasladaba a mundos en los que se perdía y encontraba constantemente.  Esos mundos eran su cuna y la arropaban de la cruda realidad que se vivía en el planeta tierra. Algo que también le generaba agrado eran los pájaros negros. Parecían intensos, se distinguían en el cielo, volaban alto, al igual que su cabeza.
Sus mundos imaginarios eran tres:  Lotus,  Margienta  y Varcracia. El último era su favorito. No eran lugares que a simple vista parecieran perfectos, ni  limpios, ni sucios, ni alegres, ni tristes. Eran perfectos para ella, porque allí habitaban millones de pájaros negros.  En sus días tristes  se le filtraba algún que otro pájaro blanco, pero que rápidamente, la bandadas de color obscuro, lo hacía desaparecer.  Estas aves  tenían algo especial. Cantaban. Cantaban las canciones que le alegraban el alma y le hacían sentir gusto a café mezclado con tabaco, habitual a todas sus mañanas. Lógico, pues ella les enseñaba cada canción que le gustaba, en canon y a la par. Ellos recitaban las melodías como una casetera.
Volvió a la tierra, enlazó las correas de sus perros y salió al parque. Al llegar, no fueron los pájaros negros quienes robaron su atención, sino un muchacho  sentado debajo de un árbol, rodeado de pájaros blancos. Se asustó. Pero sus ojos no podían apartar la vista de tan hermoso, luminoso y tibio ser.
Sin olvidarse de este desconocido volvió a su casa y decidió volar hasta Margienta.  Allí vio que todos los pájaros habían enmudecido. Pasó por Lotus y lo mismo. Sin perder la esperanza  viajó hasta Varcracia y tristemente, allí no había ruido. No comprendía si los pájaros se habían aburrido de recitar lo mismo o si ella debía cambiar de canciones. Caminó por las calles de su mente y en ellas se topó con un ave blanca. Luego con veinte. Cien. Mil. Todas blancas. No cantaban sus melodías, sino otras. Le dijeron que debía irse con ellas, que allí sonarían rocanroles que le iban a impregnar el alma de alegría. Se dejó convencer. Y cuando llegó a ese lugar misterioso, lleno de  plumas blancas, sonó una canción. Era rara, le atraía. Los pájaros a los que solía ahuyentar cuando volaban por sus tierras, parecían familiares. Lo especial de esta canción era  que, por vez primera, algo ajeno le hacía sentir un estado de plenitud. Abandonó ese lugar y, cálidamente, volvió a la tierra.
A la semana siguiente  fue  al parque.  Con su guitarra se sentó  bajo un ombú plagado de aves negras,  que producían una sombra espectacular.
Tocó sus canciones durante horas:  rock, blues, jazz. Hasta que  ese muchacho, que  había robado su atención, llegó y se sentó a su lado. Platicaron y allí se dieron cuenta que ambos amaban a esos seres alados. Ella a los negros y él a los blancos. Los dos también tenían sus mundos especiales.
Se pusieron a tocar con libertad sus instrumentos, hasta que una melodía empezó a encajar a la perfección. Era ESE el sonido que había escuchado provenir de los pájaros blancos, eso que cautivó la atención de la muchacha. Era lo que el chico le había dejado en su mente. Vibraron las cuerdas tanto y tanto que los pájaros blancos y negros de la plaza, que parecían enemistados, comenzaron a volar juntos y a cantar una suave melodía. Anochecía y ellos seguían tocando. Los pájaros no dormían. Esas vívidas notas hacían que el sol quisiera seguir brillando. Era perfecto, era todo hermoso. Se fusionaron  el blanco y el negro, creando un arco de colores. Los dos volaron tanto que llegaron a un lugar en el que los pajaros revoloteaban a la par, se habían enamorado tan perdidamente uno del otro, que lograron que los opuestos se complementasen.
-Agustina C. Montañez-

Trabajo Individual de Sofía Goicoechea

The lady of the ibis | Daria Petrilli
Coherencia de la mujer sin lágrimas.
Ella tenía una naturalidad en la seducción tan elegante, misteriosa, indiferente no poseía una belleza inigualable si no que tenía ese saber del encanto. Su nombre era Ludovica estudio leyes, pero al casarse no ejercicio la profesión.
Así fue cuando a los tardíos veintiuno se casó con un Carlos, dueño de una bodeguera muy exitosa. Parecía una pareja feliz, o por lo menos así aparentaban ambos.
La primera tragedia surgió, Guillermo padre de Ludovica había sido asesinado, había sido tan dolorosa parecía de un alma vengativa, descuartizado, órgano por órgano. A las  6pm de la tarde pocos días después de la boda. La madre de ella desconsolada al igual que sus hermanos, todos lo recordaban como un buen hombre. Estela, una amiga íntima de Ludovica, le obsequio un flamenco deseándole el más sincero pésame.
Seis meses transcurrieron y el matrimonio se veía tan feliz, Carlos tenía el deseo de ser padre de inmediato, eran felices. Hasta que Carlos murió en junio por una intoxicación. Su amiga al recordar lo feliz que le había hecho a su amiga ese bello flamenco, le obsequio otro el día del entierro de su marido.  
A su corta edad de 24 años ya viuda y aun joven, supero rápidamente la muerte de su marido y se volvió a enamorar, se conocieron en un viaje a parís, ya  era dueña de una gran fortuna heredada por su infortunio. Él se llamaba Gregorio era un importante comerciante y este era su segundo matrimonio también. Pero parecía que las tragedias en la vida de Ludovica no dejaban de ocurrir y así fue como el primo de esta murió trágicamente, destripado con un cuchillo de carnicero, desangrado como a un cerdo. Y así el regalo de los flamencos de estela se convirtió en un simbolo y cada muerte que ocurría su amiga le obsequiaba uno. Pero a Ludovica no se la veía sufrir. Es más se la veía tan alegre con su amiga, que se encargaba de hacerle olvidar los malos tiempos vividos.
Y repetitivamente volvió a pasar Gregorio con el que ya había estado cuatro años murió estúpidamente por un accidente con el auto. Y así Ludovica, dueña de una gran fortuna y el regalo de su amiga no faltaba.
Ludovica se casó dos veces más, ella además de la juventud que de a muy poco se le iba pasando no perdía ese don que tenía con los hombres y por ello volvió a conquistar a dos hombres ricos que increíblemente también fallecieron. El último fue un juez y fue el que más convivio junto a ella hasta la edad de cuarenta años.
Decidió darle fin a su búsqueda de hombres y se fue a vivir a una enorme casa junto Estela quien siempre la acompañaba. Con tanto dinero por gastar  viajaron y Ludovica en forma de agradecimiento compartia su fortuna con su amiga.
Vivió junto a ella hasta su muerte, y lo que le resto de vida se la vio muy feliz y alegre, parecía como si nunca hubiera pasado nada. Vivió con tanto lujo y clase que casi no dejo herencia, lo gasto todo en ella y en su amiga aunque parezca increíble.
Ludovica era mi tía a la cual no conocí mucho, nació en Francia alrededor de los años 30. Uno de los pocos recuerdos que tengo de mi tía es de ella en su extenso y excéntrico jardín junto a sus flamencos y la tía Estela.
Hace muchos años encontré la razón, hurgando en el papeleo de la casa de mi ya fallecida tía, buscando los papeles de la casa para dividirnos la poca herencia que quedaba, encontré una agenda:
“Tengo que ser justa conmigo misma y hacer sufrir a los que te hirieron en tu pasado. Al padre que nunca me quiso y nunca voy a olvidar esa noche que me golpeo y me dejo hospitalizada por el simple hecho de decir la verdad, que yo era homosexual. A mi primo que me violo a los 6 años de edad arrebatándome la infancia de un tirón y dejando en mis secuelas de miedo que aún no puedo quitar. Odio a todo hombre, y todo hombre que quiera tocarme o siquiera mirarme no le tendré piedad ya que ellos son seres sin alma. Seis años, seis muertes, seis flamencos color sangre para calmar el dolor.

Me puedo mantener en pie gracias a mi hermosa amante Estela, que siempre me ha apoyado en todo y casi una vida hemos compartido una junto a la otra. Ella se merece todo, es la que me calma en los ataques de pánico y la que me cuida a las noches, simplemente agradecida de tenerla. Quiero vivir solo para hacerla feliz. La amo.”

Trabajo individual de Tomás Moreira

    Elegí el cuadro de  Víctor Nizovtsev
                                          

                                          El payaso triste




Victor Nizovtsev | АртКарточное. Обсуждение на LiveInternet - Российский Сервис Онлайн-Дневников


Una gran alegría sentía Carlos cada vez que iba hasta la plaza vestido de payaso a entretener a los niños. La historia de su vida es un poco triste, había quedado huérfano a los nueve años de edad cuando murió su madre, a su padre nunca llegó a conocerlo y quedo al cuidado de una tía, quien ya muy anciana también murió dejando al joven completamente sólo, en una inmensa casa. Para ganarse la vida Carlos  ejerció diferentes oficios, desde ayudante de albañil, vendedor de helados, mesonero, hasta que conoció al joven Luis, quien trabajaba en un circo y logró convencer a Carlos para que se vistiera de payaso. Pronto creció la amistad entre los dos jóvenes, pero Luis tenia malas mañas y fue botado del circo por ladrón. Cuatro largos meses trabajo Carlos en el circo y le gustaba ejercer el oficio de payaso hasta el punto de que el dueño del circo le propuso que los acompañara en una gira por otros pueblos, pero Carlos no acepto y prefirió quedarse en el pueblo y trabajar de payaso en la plaza, en donde además de entretener a los niños, vendía golosinas y caramelos. Pronto se hizo muy popular y todos los habitantes lo respetaban y querían. Pero el destino le tenía preparada una sorpresa, una tarde regreso al pueblo el joven delincuente Luis, ambos se encontraron en la plaza, charlaron por largo rato recordando la vieja amistad que los unía. Sin embargo a Carlos le llamó la atención lo descuidado y barbudo que estaba Luis, tenía grandes marcas de cortaduras en los brazos. Al llegar la noche cada quien agarró su camino. En la soledad de una habitación que Luis había alquilado, preparaba sus fechorías, tenía un plan, había decidido robar el banco del pueblo, para lo cual se vestiría de payaso y así lo confundirían con Carlos y podría escaparse. Pasaron unos días y como de costumbre el payaso Carlos acudía todas las tardes a la plaza a entretener a los niños, le extraño no ver a su amigo Luis sentado en los bancos de madera. Un día un gran alboroto se escuchó por los lados de la plaza, las sirenas de la policía sonaba constantemente y las personas gritaban: ¡Han robado el banco!... ¡Han robado el banco! Los clientes que estaban en el banco comentaban que vieron a un payaso con una pistola en mano robando  la taquilla. Inmediatamente la policía fue informada y por sospecha se trasladaron a la casa de Carlos, quien sorprendido en piyama, fue sacado esposado y trasladado a la Comisaria. El joven lleno de vergüenza lloraba y no lograba pronunciar palabras, las lágrimas cubrían su rostro. Una semana tenia Carlos, preso en los calabozos de la Comisaria, cuando se presentó una señora quien fue testigo del robo y acudió al reconocimiento del indiciado. Al mirar a través del espejo, la dama noto un hecho curioso, el cual le había llamado la atención mientras estaba tirada boca abajo en el piso del banco, había logrado ver al delincuente, el cual tenía muchas marcas de cortaduras en los brazos y este joven que le presentaban no tenía cicatrices ni cortaduras en los brazos. La policía tomó nota del relato y decidieron continuar con las investigaciones mientras Carlos continuaba preso y lloraba su mala suerte. Transcurrió un mes y de un pueblo cercano llegó la noticia del atraco a un banco, pero esta vez el delincuente no tuvo tanta suerte y fue detenido. La policía procedió a revisar al delincuente y notaron que tenía muchas marcas y cicatrices en los brazos, lo cual coincidía con el relato de la señora en la Comisaria. Los posteriores interrogatorios determinaron que el delincuente detenido era la misma persona que vestido de payaso había atracado el banco meses atrás. Comprobada la inocencia, el joven Carlos fue absuelto y salió de la cárcel. Al día siguiente muy sonriente acudió a la plaza del pueblo vestido de payaso a entretener a los niños, de vez en cuando se sienta en los bancos de madera y les cuenta a las personas conocidas la experiencia vivida.

trabajo individual de catalina peque

yo elegí el cuadro de Christian Schloe llamado Dreamcatcher 


                                                             .La cazadora de estrellas.


Siempre rondo en mis viejos recuerdos, como cuando tenia 15 años, seguía viviendo en el pueblo, no había nada para hacer y la mayoría de la gente me caía mal, ir al colegio todos los días era un sufrimiento, salvo un único día en el que se abrió la puerta de un tirón, entró una niña de mi misma edad diciendo que era nueva, y se sentó al lado mío. Morocha de ojos azules penetrantes me miraba de reojo, me moría de ganas de preguntarle como se llamaba sin quedar como un nene de cinco años, pero no había forma, así que no lo hice, solo la vi, vi como miraba el pizarrón, vi como con sus ojos penetrantes se distraía y perdía la vista, vi como se arrugaba la nariz cuando no le salían los ejercicios. Y ella me miraba viéndola, suponiendo que la miraba sin saber que la estaba viendo, hipotetizando como seria su vida, analizando sus movimientos, y sabia que ella hacía lo mismo que yo pero de reojo, el doble de trabajo. -¿por que me miras tanto?- me dijo al fin, primera conversación y empieza con una pregunta. - te estoy viendo -es lo mismo -claro que no, vos miras el pizarrón, pero ves como funciona la fórmula. Me miras a mi, pero tratas de ver mi interior ¿Entendès? - creo que si. No hablamos mas hasta dos días después, cuando me la crucé en el recreo. - ¿que haces cuando te aburrís?- me pareció raro que empiece así la conversación, pero, ¿quien no es raro? -yo pienso - en que pensás? - en cosas como lo que te dije el otro día, sobre ver y mirar, filosóficas. ¿Vos? - yo cazo estrellas - eso es imposible -claro que no - a ver, entonces como lo haces? - no se, arma una de tus cosas filosóficas y metafóricas para explicarlo, hablame cuando lo sepas. No pude, y tampoco lo intenté. Nunca supe como cazaba estrellas. Pero si le hablé al otro día. Con el tiempo nos hicimos grandes amigos y hacíamos todo juntos. Sabia todo de ella (o casi todo) y ella sabia todo de mi. Cuando hablábamos por teléfono le decía los pensamientos que tenía, y mi manera de entender las cosas, pero sabia que no me oía, solo me escuchaba, por que mientras hablábamos ella cazaba sus estrellas, y eso le encantaba. -me explicas como funciona ese tema de las estrellas, cazadora? - por que querés saber? - es que no lo entiendo, como es que las cazas? - cada persona que significo algo para mi y ocupa un lugar en mi corazón tiene su estrella, cuanto mas la quiera, mas estrellas tiene, solo yo se donde están y nadie mas que vos y yo sabemos de su existencia. ¿Muy filosofo no? Me parezco a vos - jajajaja, si, ¿yo tengo mi estrella? -mm, todavía no - sonó pensativa No se si sentí enojo o angustia, fui tanto tiempo amigo de ella que ya debería haber tenido mi estrella, debería tener cincuenta estrellas. Hice de cuenta que no me importó y le pregunte si quería hacer algo la próxima semana que era mi cumpleaños. Había dicho que si. Sentados afuera de la heladería, en una noche clara donde se veían las estrellas, sentía gusto a frutilla, aunque comía un helado de chocolate, la que comía de ese gusto era ella, y el helado se había acabado hace tiempo. En el momento se me ocurrieron mil cosas, después de todo, era mi primer beso y supongo que el de ella también. -te ganaste tu estrella - como regalo de cumpleaños? -no -entonces por que? - por significar algo. - puedo saber donde está? - mas adelante te voy a mostrar. Al poco tiempo nos pusimos de novios. Al mediano tiempo me entere que iba a morir. Y al mucho tiempo lo pude superar. En el pueblo que vivíamos no había hospitales avanzados, entonces la mayoría de la gente optaba por morir en su casa pacíficamente. Su ultimo día y noche lo paso conmigo, yo no lo sabia, pero ella si. Acostados en la cama mirando al techo, entraba un poco del sol de la tarde, el momento perfecto para una despedida. -cuando me vaya me vas a extrañar? -obvio, ¿como no? - y me vas a olvidar? -no creo, fuiste muy importante para mi, si tuviera que elegir una persona para darle mi estrella, serias vos. Se le humedecieron los ojos y yo la consolé hasta que nos dormimos. Me desperté dos horas despues, tenia un papel sobre el pecho y la luz estaba prendida, leí la hoja mientras la miraba de costado, descansaba plenamente. "Todas estas y muchas mas son tuyas, te ama, tu cazadora de estrellas" no lo entendí hasta que di vuelta el papel,se leía "apagala" Supuse que se refería a la luz, así que lo hice. En cinco segundos estuve inundado por puntos fosforescentes, alineados a la perfección. Me asome para abrazarla y darle muchos de mis últimos besos, pero un frío me recorrió la pierna, el pecho, los cachetes y finalmente los labios, sus ojos abiertos miraban pero no veían, estaba muerta. Un rato estas consolando y al otro sonriendo al techo. Un rato estas vivo y al otro muerto.

lunes, 11 de mayo de 2015

Trabajo individual Lucas Cambón

Lucas Cambón
Elegí la pintura de Víctor Nizovtsev, en la que se haya un bufón o payaso de color verde y rojo.

                                                      El bufón de la muerte.
Mucha gente diría que la muerte no es para nada divertida. Y no lo es… a menos que seas Alucard, en cuyo caso es desternillante. El cual es el primer cómico homicida perfectamente funcional de la ciudad de Vanir: bromea hasta que alguien muere y luego se ríe. Ha llegado a ser conocido como el bufón siniestro y es todo un enigma no hay un consenso de dónde viene y Alucard nunca ofrece detalles sobre si mismo ni deja pistas que delaten su paradero. Existe la creencia popular de que este no es un ser proveniente de Vanaheim, que es un ente proveniente de un mundo oscuro y retorcido como Infierno, el reino de los muertos. Otros opinan que es la encarnación demoniaca de los oscuros instintos humanos, y que por tanto es imposible de lograr razonar con él. La creencia más Plausible es que Alucard es un asesino a sueldo, que anda a sus anchas hasta que sus servicios vuelvan a ser necesarios. Se vuelve imposible de negar que este ha demostrado ser astuto, que elude a la autoridad cada vez que van a buscarlo para interrogarle sobre algunos crímenes terribles en contra de la ley. Aunque esos rumores parecen dar la razón a los habitantes nativos de Vanir, parece inimaginable que un personaje tan amenazador pueda seguir libre.

Sea cual sea su verdadera  historia, Alucard se ha unido al Reino de las Leyendas por motivos desconocidos por todos excepto él mismo. Es una figura aterradora, evitada habitualmente por sus compañeros leyendas y por la prensa del reino. Solo la corte de la academia de la guerra sabe el motivo por el cual se le permitió ingresar al Reino, aunque muchos habitantes creen que podría ser una forma de mantener bajo control el poder del siempre elusivo Alucard.  No es ninguna sorpresa, pero este es famoso en lugares y tierras del Reino donde la locura reina abiertamente como puede ser en Zoun y Naxes donde habitan criaturas y personas sedientas de poder y sangre.

Hagas lo que hagas nunca pero NUNCA se te ocurra decirle que no has entendido el chiste o sufriras el mismo destino que sus víctimas a las cual asesina de manera peculiar, planta en el piso una trampa en forma de caja en la cual dentro de esta se encuentra una figura con su cara de la cual al activarse salen cuchillas lanzadas hacia la víctima, no suspires de alivio si lograste esquivar las cuchillas ya que este desaparecerá con un truco delante de ti y aparecerá detrás de ti apuñalándote por la espalda  finalizando con su mejor truco, generarte una alucinación, copiándose a el mismo, la  copia se apuñalara a si misma de manera que esta explotara como una piñata dejando salir miles de cuchillas que caerán sobre ti dándote el golpe final.


Hay testigos que dicen haber visto a Alucard en una hamaca de un parque con cara de tristeza y oyeron que alguien le preguntaba a este que hacia allí, luego de matarlo le contestaba que está esperando un reto de verdad, y dejando un mensaje en el suelo con la sangre del cadáver y luego desapareciendo en las sombras, este mensaje reza: ``Espero el día en que pueda tener un reto de verdad, alguien que pueda eludir la muerte causada por mí para respetarlo´´.

domingo, 3 de mayo de 2015

Trabajo Individual

La Imaginación del Pez 2

Escribir ficción, en cualquiera de sus géneros, es crear, darle vida a un nuevo universo, un universo que vive dentro del escritor mientras se gesta la historia… Esto decíamos al comenzar con nuestras reflexiones sobre la literatura.
Hoy vamos a poner manos a la obra o en la obra propia, pues la tarea encomendada es la elaboración y creación de un cuento.
Para lograrlo:
  • Ir al tablero de Pinterest y elegir una de las imágenes, aquella en la que veas una historia que espera que se le dé vida. Pensar la historia con creatividad, imaginación, riesgo y una intencionalidad estética.
  • Escribir el relato con pretensiones literarias (volver a la noción de literaturidad) y no perder de vista que estás jugando en el universo de la ficción.
  • El tipo de cuento será el que decidas: realista, fantástico, maravilloso, policial, terror… Su extensión tendrá entre 500 y 700 palabras.
  • Al finalizar la escritura, editarás el relato con la imagen para publicarlo en el blog. Fecha en que debés subirlo: 15 de mayo.

Se evaluará:

Construcción del relato: verosimilitud,  extrañamiento, artificio.
Contenido del relato: la historia, los personajes, el espacio y la época.
La expresión escrita (coherencia y cohesión) y la ortografía.
Sigue el tablero La imaginación del pez 2 de Graciela en Pinterest.