Portal a la libertad:
Tras una larga caminata para despejar mi cabeza de los nervios que sentía, en un día de primavera, percibí una figura que se formaba a lo lejos. Era Hakahama. Me dijo que tenía algo para mí: un fruto que acabaría con todos mis problemas. Acepté sin pensarlo. Al tercer mordisco, percibí que algo faltaba en mi interior. Sentí mi alma dejando mi cuerpo poco a poco y la vi a ella sonriéndome junto a mis hijos que jugaban en una Ítaca colorida, bajo el cielo plenamente azul y el sol radiante. Nunca dejé de sentir el cansancio de un arduo día de trabajo en la herrería. Me acerqué lentamente hacia ellos para abrazarlos, como lo hacía todos los días al regresar a mi hogar, pero al tocarlos desaparecieron al igual que todo. Volví a morder el fruto pero ellos ya no aparecían, simplemente todo seguía igual. Me di vuelta para preguntarle al hechicero qué es lo que había pasado, pero ya no estaba. En su lugar, había un manuscrito que decía que ese fruto me ayudaría a tener valor para pelear contra el mal y así ayudar y proteger a los dioses. Pero ¿quién me aseguraba que los dioses me protegerían a mí? ¿Quién me aseguraba que esos dioses existían? ¿Estaba dispuesto a arriesgar mi vida por algo o alguien que no estaba seguro de que fuera real? A la mañana siguiente, luego de afilar mi espada, me marché sin despedirme de mi familia hacia el lugar de reclutamiento. Una semana después me vi literalmente entre la espada y la pared y me pareció el momento justo para terminar el fruto y ver por última vez a mi amada familia. Allí estaban de nuevo: los veo desde la ventana de mi habitación disfrutando de una mañana de sol. Bajo por las escaleras y salgo al jardín con árboles en los que mis hijos, con algo de temo, trepan. Me uno al juego y siento que tengo una eternidad por delante que voy a dedicar exclusivamente a mi familia y mi trabajo. Una gran satisfacción invade mi cuerpo y sé que quiero quedarme en este hermoso instante para siempre
Precioso y esquivo, el relato tiene algunos hilos sueltos que no logran sostener con firmeza la lógica con que se encadenan los hechos; así, el lector se pierde, aunque disfrute de este juego de palabras.
ResponderEliminarNota: 8