domingo, 12 de julio de 2015

Cuento con imágenes, Mendez, Gramon Vidal y Luna.

El camino de Ali

Ali, un guerrero muy popular entre los árabes, era reconocido no solamente por ser un gran luchador sino también por ser un alma bondadosa.
Luego de un tiempo de paz, Arabia se encontraba en peligro por la guerra, pero como siempre, él luchó en su defensa y logró ser victorioso.
Desde ese momento, nunca más se le volvió a ver, pero aunque nadie lo supiera, él estaba perdido en el medio del desierto en busca del camino a su hogar.
Los días pasaban y Ali no se rendía, recorría todo el desierto sin parar y después de tanto caminar y sin encontrar el camino que lo llevara a casa, Ali cayó rendido sin fuerza en la arena, no podía seguir, se sentía cansado y débil, no dejaba de pensar cuánto extrañaba a su pueblo, ya había perdido el optimismo de volver. Imágenes de aquel lugar invadía su mente, cerró los ojos lentamente dejándose llevar por esos recuerdos mientras sus ojos visualizaban un oasis a unos pocos metros de él.
  Se levantó como pudo, y se dirigió a aquel lugar con agua. Al llegar a esta miró hacia a su alrededor y camino hacia el lago. Un pequeño niño se reflejaba en éste. Ali retrocedió y se alejó rápidamente, él sabía que ese niño era él, pero, ¿por qué era un niño?. Sin mirar chocó con un hombre.
-Ali, pequeño, ten cuidado- dijo aquel. Asombrado el pequeño muchacho respondió.
-Padre - Se quedó sin palabras.
-Pareces asustado hijo- colocó una mano en el hombro del joven Ali y comenzaron a caminar hasta un árbol en donde se sentaron para hablar. -Te contaré una pequeña historia, dicen que en un lugar muy lejano, en donde sólo arena se encuentra, cuando una persona está perdida, un anciano se aparecerá en su ayuda, aunque sólo si su esperanza se ha ido por completo.-
Ali se quedó pensando en eso por varios minutos mientras su padre lo dejó bajo el árbol para no interrumpir en ello. El pequeño se acercó nuevamente al lago y vio que lentamente desaparecía y lo último que logró ver en éste fue su reflejo ya de adulto nuevamente y el de un viejo, el guerrero se dio vuelta para mirarlo, y decidió hablarle.
-Disculpe señor, ¿de dónde ha salido? ¿Quién es? ¿Cómo me ha encontrado? - El anciano rió y de su bolso tomó una extraña fruta, se la dio mientras Ali esperaba respuestas.
- Pronto lo sabrás, ahora debes de comer.- Al tomar la fruta, retrocedió algunos pasos, tenía dudas pero su estómago rugía de hambre, decidió morder la extraña fruta que le había regalado. Esta no se comparaba con nada de lo que hubiera probado en su vida, era justo lo que necesitaba para sentirse con fuerzas de vuelta y nuevamente retomar su viaje.
Cuando quiso agradecerle se dio cuenta que este había desaparecido dejando en su lugar el desconcierto y el asombro en Ali, sin embargo decidió seguir su camino. Pero esta vez, había algo a lo lejos, los ojos de Ali no lo podían creer, esos edificios, esas luces, era su querida Arabia, su hogar. Ali al instante se olvidó de todo y se puso a correr, quería llegar cuanto antes y luego de unos minutos que le parecieron eternos, Ali se encontraba en casa.

1 comentario:

  1. Escriben un buen cuento, sencillo y sensible; sin embargo, no logran usar correctamente los recursos para romper el tiempo lineal y prácticamente no hay indicios.
    Rever construcción de algunas oraciones y de párrafos.
    Nota: 7

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